Lingüística Hispanofilipina es una antología de textos centrada en diferentes aspectos de la influencia hispánica en las lenguas filipinas. Se hace especial hincapié en la perdurable labor de los misioneros españoles, documentada en sus obras de lingüística descriptiva. Este número incluye el estudio de Miguel Ángel Esparza Torres sobre cómo el gran humanista español Antonio de Nebrija influyó en la documentación de la fonología, la gramática y los vocabularios de lenguas filipinas importantes e incluso marginales. La investigación archivística de Regalado Trota José en el siglo XVII revela la naturaleza tolerante y políglota de la administración colonial española, donde los documentos oficiales combinaban la escritura china, española y nativa, mientras que el detallado estudio de Marco Antonio Joven-Romero sobre la toponimia de Manila revela la sorprendente resistencia del español en la denominación de lugares y la conservación de la memoria en el siglo XXI. Por último, el exhaustivo estudio de John Lipski sobre el chabacano revela su desarrollo histórico a lo largo de tres siglos, su sistema sonoro, sintaxis y léxico actuales, y la variable percepción que se ha tenido acerca de la lengua. Este número especial también reúne un amplio espectro de producciones literarias, como poesía contemporánea, prosa, entrevistas y clásicos literarios recuperados. Concebido como una actualización acerca de lo español en Filipinas, la variedad de voces del libro seduce con su selección ecléctica de estilos y temas literarios. En el fondo del libro subyace la cuestión de lo que significa ser simultáneamente local y global, así como culturalmente filipino e hispano.
Este libro es el segundo número del Boletín de la Academia Filipina de la Lengua Española, publicado con motivo de su centenario. Acertadamente titulado BAFLE, el altavoz de la hispanidad filipina, este número especial busca el compromiso con el mundo hispánico global.